Una cuestión de educación: Segunda adaptación

Las vacaciones se acaban y volvemos al cole. Yo ya voy teniendo ganas, de volver a la rutina, organizar mi día a día y notar un poco de estabilidad. Porque las vacaciones son necesarias, pero si se alargan demasiado pueden llegar a ser contraproducentes. Por lo menos para mi. (Aunque ahora mismo, sólo de pensarlo, me da el bajón 😉)

Si como adultos, aun teniendo conciencia de la dureza y a la vez necesaria vuelta a la rutina, se nos puede hacer cuesta arriba, para los niños también lo es. Y no se yo hasta qué punto puede ser incluso algo más duro, ya que se ven obligados a volver y en ocasiones no son capaces de entenderlo. Ni nosotros de explicarlo bien.

Durante estos años he sido testigo de cómo muchos niños que tuvieron una adaptación satisfactoria en septiembre manifiestan una conducta no esperada durante el próximo mes de enero. Y los padres, alucinan.

Niñ@s de tres años que aguantaban esfínteres desde verano sufren alguna perdida a estas alturas, niñ@s que sollozan a las puertas del cole por primera vez (o vuelven a hacerlo) o le declaran la guerra a alguna actividad extra como el comedor y utilizan una de las frases más preocupantes para un padre/madre en esta etapa: No quiero ir.

Como digo siempre, los niñ@s son bajitos, pero no tontos. Ahora saben de sobra a lo que se enfrentan, porque ya lo han vivido meses atrás y tienen suficiente experiencia para no querer volver a la rutina.

La mayoría de ellos, con un par de días vuelven a la normalidad, otros necesitan una duración más larga para afrontar esta segunda adaptación. Lo más importante es adaptarse a las necesidades del niño, valga la redundancia, y entender que cada uno necesita su tiempo. Con ellos no existe ninguna fórmula del tipo 2+2=4

Pero lo que sí he repetido mucho a bastantes padres en esta época es que no se preocupen, que estos cambios no significan ser síntomas de algo peor (También durante la primera adaptación) Muy obvio y muy difícil de cumplir, lo sé. Pero los niños son capaces de sentir que algo nos preocupa y sin querer les contagiamos nuestro estado de ánimo. Cuanto mayor preocupados nos sientan, más preocupados estarán ellos y necesitaran demostrarlo a su manera.

Así que yo recomiendo convencerse que todas estas conductas entran dentro de la normalidad del proceso, intentar vivirlos de la manera más natural posible y demostrar nuestro cariño y apoyo al niñ@

Os aseguro que no hay nada mejor para un crio que está padeciendo (mientras llora cuando entra en clase, por ejemplo) preguntarle qué necesita o si quiere que le abracen. La mayoría contestan que sí, aunque los hay que no pero sorprendentemente notas como se relajan. Dejarlos que lloren y mirarlos a los ojos mientras les explicamos la situación y que estamos a su lado me ha resultado la mejor fórmula para ayudarles.

Eso sí, yo, de manera personal, he aprendido a dejar de decirles que no lloren. Tienen todo el derecho del mundo a expresarse y esa es su mejor manera de hacerlo. ¿Por qué tenemos, pues, que educarles a que no hay que llorar? ¿No os parece?

¿Qué tal lleváis vosotros la vuelta a la rutina? ¿Alguien con síndrome post vacacional por aquí?

¡Espero que mañana nos sea leve a todos!

Nos leemos pronto

Caroline

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4 thoughts on “Una cuestión de educación: Segunda adaptación

  1. Yo en la guarde no pillé periodo de adaptación como tal, pero hubo un brote de varicela, y a algunos volver después de más de una semana, o incluso dos, sin ir a la guarde era el fin del mundo xDDD

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    • Es que cuando se ponen a llorar unos cuantos a la vez, no hay manos suficientes para ayudarlos a todos… Eso sí, bien que suben la ratio a 30, como si fueran animalitos los pobres 😦

      M'agrada

  2. Qué bien explicado! Yo soy partidaria de dejarles llorar y de que hablen cuando ellos quieran, demostrando estar siempre disponibles y sin juzgar. Aunque si hay que reñir o rectificar alguna conducta, se rectifica, claro. A veces los padres magnifican las emociones de los pequeños porque las hacen de menos, cuando en realidad son como las emociones adultas pero sin el control que nosotros tenemos y sin la capacidad de autorregulación.
    Qué buena maestra! 😉

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    • Muchas gracias, Runa. Me alegra ver que cada vez somos más aquellos que creemos en la inteligencia emocional para educar a nuestros nenes. Más que reñísr o rectificar, yo pierdo mucho tiempo explicándoles a los niños ciertas cosas. Es un proceso muuuuy lento pero cuando empiazas a ver las mejoras, te da un subidon para seguir trabajando así que para que. Graciad por lo de buena maestra, yo aún ni me denomino si quiera maestra, pero en ello estoy, sólo espero que algun día mis alumnos me recuerden como alguien que les ayudó a crecer 😉

      M'agrada

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